lunes, 31 de julio de 2017

Supermodelos / Fumar no es cool




Fumar no es ‘cool’: ofensiva contra las supermodelos por ‘glamourizar’ el tabaco

Oleada de críticas a Kendall Jenner, Bella Hadid y compañía por no dejar de subir fotografías a sus redes donde posan sensuales con cigarrillos.


Fumar no es ‘cool’: ofensiva contra las supermodelos por ‘glamourizar’ el tabaco
Ireland Baldwin subió esta foto con el pie: "¿Esto va sin gluten?" FOTO: INSTAGRAM/ @IRELANDBALDWIN 
“¿Cómo afectarán esas fotos tan compartidas en las redes sociales a las ratios de tabaco de los más jóvenes?”. Eso es lo que preguntó en una carta la jefa del departamento de salud de Nueva York, Mary T. Bassett, dirigida a la organización de la gala benéfica anual del Metropolitan, después de que miles de webs reprodujesen las instantánteas a Bella Hadid, Dakota Johnson y compañía fumando sin control en los lavabos del evento. No contentas con haber sido sermoneadas tras un episodio en el que las jóvenes –y otras estrellas masculinas como Rami Malek o Marc Jacobs– posaban con actitud fumando aún a sabiendas que no estaba permitido, a la nueva hornada de supermodelos les está cayendo, de nuevo, otro rapapolvo por seguir subiendo instantáeas en las que glamourizan los cigarrillos.

Johannes Stötter / Dos mujeres

El arte camaleonica de stötter dos mujeres en bodypaint forman un camaleon
Johannes Stötter 
DOS MUJERES

Johannes Stötter es un maestro del body paint que se dedica a realizar ilusiones ópticas a través de su trabajo para darle vida de manera impresionante. Una de las obras que ha dado la vuelta al mundo es el siguiente camaleón, una transición de colores del camuflaje.
camaleon de Johannes Stotter en movimiento
camaleon de Johannes Stotter en movimiento parte 2
Este diseño artístico le tomó 4 horas, y con ayuda de su asistente pintó los cuerpos en 2 horas. Con sólo seis horas de trabajo de este increíble artista podrás ver el talento que tiene en sus manos para esconder y mimetizar el cuerpo humano en cualquier ambiente. Tiene la habilidad de ocultar cada una de las líneas del cuerpo de sus modelos, de tal forma que no te das cuenta de que haya personas formando lo que estás observando.

Juan Benet / Reencuentro en Región


Reencuentro en Región

Ocho escritores rememoran su descubrimiento de Juan Benet



GUILLERMO ALTARES
Madrid 29 DIC 1992


En diciembre de 1967, hace ahora un cuarto de siglo, una novela titulada Volverás a Región ocupó el rincón oscuro de los libros castigados en los escaparates de las librerías. Su autor, un tal Juan Benet, había urdido el intrincado relato de espaldas al pantano irrespirable de los gustos ambientales, lo que durante años marcó a su manuscrito con la cruz en lápiz rojo que los editores emplean para señalizar el vuelo curvo que conduce al cesto de las cosas ilegibles. El escritor, que quería aire libre en, los frondosos periodos de su prosa y que buscaba interlocutores para su palabra, hambrienta de destinatario, se vio obligado a venderla por un plato de lentejas a un editor, que así se hizo único dueño de aquel fajo de sobados folios, que no tardó en convertirse en un punto sin retorno en la historia de la narrativa castellana contemporánea.

domingo, 30 de julio de 2017

El gran negocio de hablar en español


Ilustración de Fernando Vicente

El gran negocio de hablar en español



La lengua común multiplica por cuatro los flujos comerciales entre dos países

JESÚS RUIZ MANTILLA
Madrid 10 FEB 2017 - 18:00 COT


Una de las grandes obras emprendidas para tomar la temperatura del español en el mundo acaba de culminar. Han sido 14 tomos los que la conforman bajo el título Valor Económico del Español y el lunes será presentado en un acto con la asistencia de los Reyes en la Fundación Telefónica, encargada de financiarlo, y el premio Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa. En el último tomo, a modo de conclusión con los anteriores, se comprueba la rentabilidad y expansión multiplicadora de un idioma común. "El flujo comercial entre los países hispanohablantes aumenta cuatro veces con respecto a otros y siete en el caso de las inversiones directas", comenta José Luis García Delgado, catedrático de Economía Aplicada de la Complutense, e impulsor de la investigación.

Vargas Llosa desgrana los secretos de Onetti en una lección magistral

Juan Carlos Onetti

Vargas Llosa desgrana los secretos de Onetti en una lección magistral


El Nobel de Literatura evoca un viaje conjunto por EE UU en un acto en la Fundación Juan March


Jesús Ruiz Mantilla
Madrid 5 MAY 2015 - 15:06 CDT




El escritor Juan Carlos Onetti, en su casa en marzo de 1981.
El escritor Juan Carlos Onetti, en su casa en marzo de 1981. ANTONIO TIEDRA

Si hay algo que va a veces más allá del Vargas Llosa escritor, es el Mario lector. Cuando durante 50 minutos desgranó ayer en la Fundación Juan March las claves de Juan Carlos Onetti —acompañado por Juan Cruz, adjunto a la dirección de EL PAÍS—, por momentos, la clarividencia del autor que busca desentrañar todas las claves de aquel a quien admira para digerirlo, en esa necesaria distancia, se dejaba llevar por la pasión de quien vislumbra el hallazgo de muchas dotes y un buen puñado de abismos.

El regreso del plagiario / Bryce Echenique, en la edad de no hacer nada

Alfredo Bryce Echenique según JC

Bryce Echenique: “Estoy en la edad de no hacer nada”

El escritor peruano ha vuelto para contar su vida libertina, apasionada y rocambolesca, y para limpiar su nombre


JESÚS RUIZ MANTILLA
Arequipa 5 ENE 2017 - 18:02 COT

La distancia irónica es la maestría de Alfredo Bryce Echenique (Lima, 1939). Pero, últimamente, esa distancia se estaba convirtiendo en una barrera física. Hasta que el pasado mes de diciembre volvió a contar su vida libertina, apasionada y rocambolesca, con vocación de obra de arte, en el Hay Festival de Arequipa. A la ciudad peruana donde nació Mario Vargas Llosa acudió Echenique, que vive hoy en Lima, tras 40 años de exilio voluntario en Europa, donde fue testigo del Mayo del 68, machacado en París por amores o, ya, de vuelta a su país, sacudido por matones de Vladimiro Montesinos, el todopoderoso asesor de Fujimori, según cuenta. Amigo de Fidel Castro sin ser, ni mucho menos, castrista, le agradece in memoriam que un día le bendijera —“por el rito socialista”, asegura— un amor. Pero le reprocha también haber partido en dos al boom literario latinoamericano. “Aquello acabó como el rosario de la aurora”, dice.
La condena por plagio [un tribunal peruano le condenó en 2009 en Perú por copiar 16 artículos de 15 autores diferentes] le amargó la entrega del premio que le concedió la Feria del Libro de Guadalajara en 2012. El asunto, dice, está recurrido. Quiere limpiar su nombre.

sábado, 29 de julio de 2017

Vivian Gornick / La feminista feroz


Vivian Gornick
Poster de T.A.

Vivian Gornick, la feminista feroz

Pionera y maestra del ensayo personal, la escritora y crítica volcó su talento en las potentes memorias ‘Apegos feroces’, al fin en español



ANDREA AGUILAR
26 JUL 2017 - 16:32 CDT



La escritora Vivian Gornick en 2015.
La escritora Vivian Gornick en 2015. MITCH BACH

Sostiene Vivian Gornick (Nueva York, 1935) que "toda obra literaria contiene tanto una situación como una historia". En su antología sobre el subgénero del ensayo personal (The situation and the story) defiende que los más importante para encontrar esa voz es saber quién está hablando y por qué lo hace. La situación, explica, es el contexto o circunstancia, a veces incluso la trama; mientras que la historia es la experiencia emocional que preocupa al autor, es decir, “lo que uno ha venido a contar”. Ella llegó en 1969 a la redacción del semanario alternativo The Village Voice dispuesta a narrar las sacudidas del feminismo radical. Su nuevo periodismo hablaba desde las barricadas del movimiento y, con atinada puntería, supo trasladar esa visión a la crítica literaria. Aquello forma parte, irremediablemente, del ADN de esta autora, una de las voces más destacadas de la segunda ola feminista de EE UU.
Gornick, sentada una mañana de finales de mayo en el despejado y soleado salón de su piso del West Village donde su gato dormita, cuenta que en aquella revolución cultural se encuentra el germen de Apegos feroces (Sexto Piso en castellano; L'Altra en catalán). "El movimiento feminista de los años setenta ejerció una gran influencia. Nos llevó a miles de mujeres a pensar cómo nos habíamos convertido en lo que éramos, y aquello nos condujo inmediatamente a nuestras madres. Fuimos las primeras en emprender esa búsqueda existencial y analítica". El libro —que ahora se publica en español— salió originalmente en 1986 y pronto fue saludado como un clásico, con el que su autora se convirtió en pionera y maestra de un género cuya influencia y popularidad hoy están fuera de duda.
En Apegos feroces Gornick, visceral y cerebral, reconstruye su infancia en un bloque de viviendas de familias judías en el Bronx junto a dos viudas: su madre, cuya temprana pérdida de su esposo la sume en un interminable y amargo duelo; y la despampanante vecina pelirroja Nettie, que al quedarse sola toma el camino contrario y encuentra en el sexo su coto de poder. Los recuerdos infantiles se intercalan con las furiosas discusiones que una Gornick adulta y su progenitora mantienen en sus paseos semanales por Manhattan, con la fuerza, la rabia y el feroz amor con el que una madre y una hija pueden hablarse.
Gornick viste esta mañana de negro. En su rostro de rasgos grandes, destaca la mirada inquieta de inmensos ojos azules que tienen algo de travieso, como su risa rotunda y recurrente. Advierte que un amigo, de visita esos días en la ciudad, se unirá a la conversación. “Me había olvidado completamente de ti”, dice, y suelta una carcajada.
Pregunta.¿Cómo arrancó Apegos feroces?
Respuesta. Vi la relación con mi madre como algo metafórico. Era literatura, algo sobre lo que escribir. Creo que fui la primera, desde luego en Nueva York, en intentar hacerlo. Buscar lo misterioso en lo familiar es de lo que trata la escritura, y lo cotidiano se convirtió en algo muy excitante. Al principio pensé que escribía una historia bastante directa sobre mi madre y yo y Nettie. Luego entendí que tenía muchos asuntos pendientes y no podía contar el pasado desde el futuro, me atasqué. Un día mi madre me contó al teléfono algo que le había ocurrido en la calle, y al colgar me di cuenta de que quería incluirlo en el libro. Ahí encontré la estructura, la idea de intercalar pasado y presente. Esas dos parejas, la mujer joven con su hija y la mujer mayor con su hija adulta, se encontrarían.
P.¿Aquello fue la clave?
R.Durante mucho tiempo no sabía qué era exactamente lo que estaba escribiendo. Pensaba que el libro iba sobre cómo me convertí en mujer, y hay parte de eso, pero realmente de lo que trata es de que no podía dejar a mi madre, porque yo me había convertido en mi madre.
P.¿Qué era lo que marcaba el rumbo?
R.En la última escena estoy con mi madre y me dice: "¿Por qué no te vas? Nada te detiene". Yo estoy iluminada por la luz que entra por la ventana, medio fuera, medio dentro, en el marco de la puerta. Lo describí tal cual y entendí que esa era la escena que iba a tratar de ganarme: iba a escribir para que ese intercambio quedase dramatizado. Nunca dejé de pensar que todo iba dirigido a exponer esa verdad: medio dentro, medio fuera; no puedo irme, no puedo quedarme. Aquello cambió la manera en que encajaba la trama.
P.¿Dejó mucho fuera?
R.Lo más complicado fue ser sucinta con el pasado. Los paseos eran fáciles, son como historias cortas. La gran escritora de quien he aprendido más es Natalia Ginzburg, ella me enseñó a respetar la idea de la escritura compacta. Es difícil decidir qué dejas fuera. Pero hay que contar la historia de la forma más destilada posible, porque ahí reside su fuerza. Cuando escribes es complicado calibrar la proporción entre lo que estás contando y cómo afecta al conjunto.
P.Su hermano apenas aparece.
R.Es una historia de mujeres con mujeres. No pensaba meter a ningún hombre. En un momento dado, mi editor me dijo: "Ahora tienes que casarte". Y yo: "¿Casarme? ¡No pienso!". Pero acabé metiéndolo. De hecho, había tenido dos matrimonios, pero mi madre me pidió que sólo contara uno.
P.¿Su madre sabía que estaba escribiendo ese libro?
R.Sí, y no estaba contenta. Pero no rompió conmigo.
P.Ha hablado con frecuencia de las dudas que plagan su mundo. En Apegos,frente a su madre se desvanecen, solo hay certezas.
R.Ella estaba llena de dudas y yo también, pero juntas… En su presencia yo sabía quién era.
P.¿Cómo reaccionó al libro?
R.Fui muy sincera desde el principio. Se quedó muy sorprendida, no lo comprendía. Periódicamente se enfadaba y me decía: "¿Ahora vas a escribir esto para que todo el mundo sepa que me odias?". Me dejaba paralizada, no podía escribir durante días, pero pasaba el tiempo y volvíamos a lo de siempre, y yo recuperaba el sentido de lo que estaba haciendo. Me ayudó saber que no escribía para despedazarla, acusarla o convertirme en una víctima. Narraba verdades duras, pero sabía que le iba a dar todo lo que ella tenía, su sabiduría, calidez, y también lo que estaba mal. Cuando el libro se publicó se enganchó a la fama e iba por Nueva York firmándolo.
P.¿Le gustó?
R.Era como una niña, cambiaba de opinión constantemente. Me decía que había contado la verdad y, al día siguiente, me acusaba de ponerla en ridículo. Pero estaba orgullosa.
P.¿Fue mucha presión saber que podía herirla?
R.Los alumnos siempre preguntan cómo se escribe sobre los que están vivos y van a leerte. No hay una única respuesta. O te sientes empujado a hacerlo porque sientes la necesidad o no. Si es tan doloroso y tienes tanto miedo no lo hagas. Porque una vez hecho, ¿qué puedo decir? La gente que ha servido de modelo para lo que has escrito tiene que vivir con ello.
P.Una de las semillas de este libro fue el feminismo. ¿En qué punto está hoy este movimiento en EE UU?
R.Mi generación fue la revolucionaria. Teníamos una excitación, entusiasmo y energía extraordinarios. La inteligencia de quienes ponen nombre a las cosas. Éramos las anarquistas, que queríamos cargar contra todo: la familia, los hijos, todo. Después llegó el trabajo duro, el cambio social. Hemos logrado mucho, pero cambiar el hubris de tantos siglos lleva tiempo. De alguna manera hemos hecho la revolución, pero las cosas no terminan hasta que se acaban.
El amigo que Gornick esperaba, ha llegado y se ha sumado a la conversación, sentado en una butaca frente a la escritora, con gorra de béisbol. Ella explica que él es más joven y conoce todas sus historias —"no voy a contar nada que él no sepa", dice con cierta coquetería la aguerrida feminista—. Él bromea y comenta que Gornick habla igual con amigos que con entrevistadores, y elogia su dicción de puntuación perfecta. La escritora prosigue con cierta impaciencia y compara los avances de las mujeres con la lenta asimilación de los judíos en Estados Unidos. "Con el feminismo siento que es lo mismo: estamos medio asimiladas". Implacable y aguda, Gornick se define como una "purista" que denuncia muchas acepciones actuales de este movimiento, incluidas las literarias, cargando, por ejemplo, contra las novelas de Elena Ferrante: "¡Ella es la más chapada a la antigua! No creo que sea feminista en absoluto, sino estrictamente neorrealista". Pero a la crítica le gusta subrayar los avances de su causa. "Cuando era joven no recuerdo que las mujeres hablaran de tener una vida propia o ganarse la vida, la cuestión era casarse y tener hijos. Las chicas que como yo decíamos que aquello era un mundo de hombres y no lo aceptaríamos, lo que queríamos decir es que tendríamos una aventura antes de casarnos y tener hijos. No había ninguna duda de que eso era el punto y final. Hoy no es así".
P. ¿También la idea de feminismo ha sufrido cambios, convertida hoy en reclamo comercial para vender desde maquillaje a zapatos?
R. De manera bizarra esto es una muestra de su peculiar éxito. La palabra o el concepto de feminismo hace 25 años no habría funcionado como reclamo publicitario. Pero cuando una mujer obtiene una cátedra o un puesto en la Corte Suprema ese branding no significa nada, lo que tiene significado es que estén ahí. Todo está ocurriendo al mismo tiempo.
P. ¿Es una feliz sorpresa esta llegada al mercado de masas?
R. A mi no me sienta bien, no quiero ver a Ivanka Trump diciendo que es feminista, me chirría. Pero esto no tiene más peso que los hechos sobre el terreno; no es más importante que la lucha diaria de miles de mujeres por conseguir lo que se merecen como seres humanos.
P. Habla de la segunda ola de feminismo como de la fase anarquista. ¿Hubo violencia y autodestrucción?
R. A la gente que se siente frustrada por las limitaciones del camino que emprendimos le gusta mirar atrás y decir que así fue. Yo no lo creo. No se puede mantener vivo un movimiento activista más de una década. Lo hicimos el tiempo que pudimos, el mundo no cambió lo suficiente y nos disolvimos. El avance es lento. Tiempo después mujeres más jóvenes se me acercaban para reprocharme que a pesar de nuestras promesas sus maridos seguían sin ayudarlas. En primer lugar yo no era consciente de haberles prometido nada, pero en cualquier caso les tocaba luchar a ellas, individualmente. No volveremos al lugar donde estábamos hace 60 años, pero los prejuicios tardan en apagarse y hay retrocesos.
P.Defiende en Apegos feroces que el amor no le vuelve a uno más fuerte.
R.David, ¿puedes contestar? Mira, nos dijeron que era lo que ordenaba el mundo y no fue así. Yo, y muchos otros, llegamos a la conclusión de que el amor es necesario pero insuficiente para tener una vida, para entender quién eres.
P.En The End of the Novel of Love declara que el amor ha perdido también su fuerza dramática.
R.No se puede usar como metáfora, porque todos tenemos tanta experiencia que no podemos creer que el amor sea la salvación.
P.¿Y cuál es la metáfora hoy?
R.Ese lugar lo ocupó la naturaleza, luego la religión y más adelante el amor durante 150 años. Mi conclusión es que hoy está vacío. Todo lo que puedo hacer es ser la anarquista que dice: esto no es.
En una de las discusiones que describe en su libro, a propósito de unos vecinos, Gornick le dice a su anciana madre que incluso el amor filial hay que ganárselo. Aquello, recuerda la escritora, hizo llorar de risa a uno de sus editores de The Village Voice, "un típico chico judío", que gritó que eso era el colmo, totalmente hilarante. Y si el amor de un hijo no se puede dar por sentado, mucho menos el de un entrevistador. Algo de esto parece resonar cuando Gornick al día siguiente de celebrarse la entrevista, que cortó apresuradamente, se ofrece a contestar más preguntas por escrito en un correo titulado "Me siento culpable". Gornick gana.
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Manuel Vicent / Juan Benet


Juan Benet

MANUEL VICENT
No se puede ser brillante, maravilloso, cada instante del día, con o sin una copa en la mano. A veces uno necesita descansar. Pero si te encuentras a Juan Benet en un bar o en un viaje, enseguida se establece de forma espontánea una competición: se trata de demostrar quién es más cáustico, más lúcido, y no basta para eso con saber cosas del neolítico o emitir juicios precisos acerca de Saint-Simon, de Conrado del románico; también hay que seleccionar a los enemigos, ser original en el desprecio y usar el humor adecuado a las circunstancias, irónico o brutal. Uno mira el reloj y pide tiempo, como en el baloncesto. Cualquiera en esos momentos de descanso puede bajar la guardia y permitirse el lujo de decir algo anodino e incluso de manifestar un sentimiento de ternura, si bien esto tiene que ser en mesa aparte. Ningún escritor, siendo tan afable, ha hecho nunca tantos esfuerzos para parecer malvado sin conseguirlo ni ha sacado tanto partido del cinismo habiéndose nutrido con tanto vigor de la ética. Ésa es la contradicción de Benet: por fuera, su diseño británico con un toque de señorito perdulario le obliga siempre a estar a la altura de su desdén; éste consiste en sostener con la máxima elegancia el whisky mientras la lengua se va transformando en un hacha, aunque por dentro es un moralista con un fondo muy barojiano al que sólo le falta más grasa para ser un castizo. Si escribes con claridad, corres el riesgo de tener lectores; en cambio, expresarse con hermetismo genera exégetas y discípulos. Juan Benet, que sólo en apariencia desprecia la fama, adora el éxito, que estriba en ser oscuro y por eso mismo admirado sin ser leído. Sus libros obligan a escalar arduamente una pared norte hacia una explanada donde hay una verbena popular a la que se puede subir por detrás en coche. Si Juan Benet tiene prisa y escribe sin piolet ni equipo de alpinista, entonces su literatura alcanza una fuerza y precisión extraordinaria, pero esto le parece demasiado fácil y, por consiguiente, carece de importancia.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 17 de mayo de 1992
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