martes, 26 de septiembre de 2017

Escritores malditos / Al rescate de autores perseguidos o, peor aún, olvidados




Escritores malditos: al rescate 

de autores  perseguidos 

o, peor aún, olvidados


Daniel Gigena
LUNES 11 DE SEPTIEMBRE DE 2017


Al parecer, siempre hubo escritores malditos. El "malditismo" recorre la historia de la literatura no como un fantasma, sino como una presencia incómoda para la sociedad y el propio ambiente literario. El narrador y catedrático español Santiago Posteguillo (Valencia, 1967) publicó El séptimo círculo del infierno (Planeta), donde reúne a un elenco de escritores malditos por vocación o por contexto. "Aunque desfilan por el texto escritores reconocidos como Iris Murdoch, Carson McCullers o Rudyard Kipling, he buscado recuperar a escritores que, atacados por diferentes poderes fácticos (de la Inquisición a los nazis, pasando por dictaduras fascistas y comunistas), han visto cómo su obra ha sido casi olvidada. Olvido que comparten muy especialmente las mujeres escritoras", señala. Su libro presta especial atención a autoras que por el solo hecho de ser mujeres tuvieron que afrontar impedimentos para llevar a término su actividad creadora: Safo, Sor Juana Inés de la Cruz y, actualmente, la escritora nigeriana Buchi Emecheta.

García Márquez / Los idus de marzo

Gabriel García Márquez

BIOGRAFÍA 

"Los idus de marzo"


EL PAÍS
30 SEP 1981


He vuelto a leer esta semana Los idus de marzo, la hermosa novela de Thornton Wilder que leí por primera vez hace unos veinticinco años en una traducción apresurada, y que he releído muchas veces desde entonces con el primer placer. Cuando estaba escribiendo Eotoño del patriarca, como era natural, la tuve siempre a la mano como una fuente deslumbrante de la grandeza y las miserias del poder. La he comprado muchas veces en distintos idiomas para compartir mi estremecimiento con amigos del mundo entero, y no recuerdo a ninguno que no hubiera sucumbido ante aquel manantial de belleza. Ahora la he vuelto a leer cuando menos lo pensaba, en un vuelo apacible de cuatro horas y en un ejemplar ajeno, y sólo ahora he descubierto cuánto ha tenido que ver con mi vida esa novela magistral. Mi preocupación por los misterios del poder tuvo origen en un episodio que presencié en Caracas por la época en que leí por primera vez Los idus de marzo, y ahora no sé a ciencia cierta cuál de las dos cosas ocurrió primero. Fue a principios de 1958. El general Marcos Pérez Jiménez, que había sido dictador de Venezuela durante diez años, se había fugado para Santo Domingo al amanecer. Sus ayudantes habían tenido que izarlo hasta el avión con una cuerda, pues nadie tuvo tiempo de colocar una escalera, y en las prisas de la huida olvidó su maletín de mano, en el cual llevaba su dinero de bolsillo: trece millones de dólares en efectivo. Pocas horas después, todos los periodistas extranjeros acreditados en Caracas esperábamos la constitución del nuevo Gobierno en uno de los salones suntuosos del palacio de Miraflores. De pronto, un oficial del Ejército en uniforme de campaña, cubriéndose la retirada con una ametralladora lista para disparar, abandonó la oficina de los conciliábulos y atravesó el salón suntuoso caminando hacia atrás. En la puerta del palacio encañonó un taxi, que le llevó al aeropuerto, y se fugó del país. Lo único que quedó de él fueron las huellas de barro fresco de sus botas en las alfombras perfectas del salón principal. Yo padecí una especie de deslumbramiento: de un modo confuso, como si una cápsula prohibida se hubiera reventado dentro de mi alma, comprendí que en aquel episodio estaba toda la esencia del poder. Unos quince años después, a partir de ese episodio y sin dejar de evocarlo, o sin dejar de evocarlo de un modo constante, escribí El otoñdel patriarca. Mi primer texto para aprender a descifrar el misterio fue Los idus de marzo. Como lo saben quienes la han leído, la novela es la reconstrucción literaria de los últimos años de la República Romana y de la propia vida de su dictador, Julio César. El pretexto del relato, en torno del cual se construye, es una fiesta ruidosa que Clodia Pulcher y su hermano ofrecían en honor de dos varones ilustres: Julio César y el poeta Cayo Valerio Cátulo. Es una licencia literaria, porque el año de la fiesta, que era el 45 antes de Cristo, Cátulo debía tener unos ocho años de muerto. Pero un escritor grande como Thornton Wilder no podía detenerse en esas menudencias racionalistas. Fue mucho más lejos. En la novela, el dictador, ataviado con sus mejores galas, abandonó la recepción descomunal que la reina Cleopatra le ofrecía aquella noche, y fue a velar a Cátulo en su lecho de moribundo. "Toda la noche estuvimos oyendo las orquestas y viendo el cielo iluminado por los fuegos artificiales", dijo un testigo supuesto. El autor atribuyó el relato de aquella velación a una carta que la mujer de Cornelio Nipote le escribió a su hermana Postumia, y concluyó que César, para consolar al moribundo, no hizo más que hablarle de Sófocles. "Cayo murió con un coro de Edipo en Colona", decía el relato. Antes de Los idus de marzo, lo único que yo había leído sobre Julio César eran los libros de texto del bachillerato, escritos por los hermanos cristianos, y el drama de Shakespeare, que, al parecer, le debe más a la imaginación que a la realidad histórica. Pero a partir de entonces me sumergí en las fuentes fundamentales: el inevitable Plutarco, el chismoso incorregible de Suetonio, el árido Carcopino y los comentarios y memorias de guerra del propio Julio César. Todos ellos se refieren, por supuesto, a la diligencia frenética con que los augures oficiales descuartizaban animales y escudriñaban la naturaleza para averiguar el porvenir. El primero de septiembre del 45 antes de Cristo -según cuenta Thornton Wilder-, el dictador recibió de sus adivinos más de quince informes, entre ellos el de un ganso que tenía manchas en el corazón y en el hígado, y un pichón siniestro que tenía un riñón fuera de lugar, el hígado hinchado y de color amarillo y una piedrecita de cuarzo en el buche. "Yo, que gobierno tantos hombres, soy gobernado por pájaros y truenos", dijo César, aturdido por tantos y tan confusos presagios. No sé dónde leí que había terminado por clausurar el colegio de augures, y escribió contra ellos un libro de protesta cuyo solo título era un poema: Auguralia. Lo busqué durante muchos años, hasta que el crítico Ernesto Volkenin, que es la persona que más sabe de eso en este mundo, me dijo de un modo severo y para siempre: "Ese libro no existió nunca".

David Lagercrantz / “Pensaba que continuar ‘Millennium’ podía destruir mi reputación”

David Lagercrantz

David Lagercrantz
“Pensaba que continuar ‘Millennium’ podía destruir mi reputación”

David Lagercrantz presenta ‘El hombre que perseguía su sombra’, la quinta entrega de la saga de Stieg Larsson



ALEJANDRO MENDOZA ARRIAG
Madrid 18 SEP 2017 - 12:49 COT
Entrar voluntariamente en una prisión, donde se está atrapado en un mundo de muros rígidos y duras reglas, y luego lograr salir de ella con plena libertad es una metáfora que sirve para describir el presente de David Lagercrantz. El sucesor de Stieg Larsson —creador de Millennium, una de las sagas literarias más exitosas de la última década— ha escogido una antigua cárcel de Segovia para presentar este lunes en España El hombre que perseguía su sombra, la quinta entrega de la serie y la segunda a su nombre. La elección corresponde con el arranque de esta nueva novela, con la hacker Lisbeth Salander, la icónica protagonista, recluida en un centro penitenciario.

Diario de un incesto / Testimonio anónimo de un tema tabú

‘Diario de un incesto’, testimonio anónimo de un tema tabú

Llega a las librerías españolas, avalado por una prestigiosa editorial de Estados Unidos, el relato del infierno al que un padre sometió a su hija durante 18 años


BORJA HERMOSO
Madrid 24 SEP 2017 - 17:00 COT



Eva Vázquez
Eva Vázquez

En un pasaje de Diario de un incesto (Malpaso Ediciones), su anónima autora reconoce —sin decirlo— su pertenencia al reino de los animales y no al de las personas. Para ello cita al antropólogo Claude Lévi-Strauss: “Escribió que la principal diferencia entre animales y seres humanos radica en la prohibición del incesto. ¿En qué me convierte esta afirmación?". Esa es la primera constatación: la admisión de un incesto que duró 18 años, a caballo entre la violación, el consentimiento e incluso el placer. La segunda es la decisión de contarlo con todo lujo de detalles al mundo en forma de libro.
La autora, supuestamente una poeta y periodista en activo, relata en apenas 120 páginas el infierno seriado de agresiones sexuales, heridas físicas y psíquicas y —repítase una vez más— esporádico goce sexual que experimentó a manos de su padre desde que tenía tres años hasta que cumplió los 21.

lunes, 25 de septiembre de 2017

Alissa Walser / Detrás del síntoma

Alissa Walser
Poster de T.A.

Alissa Walser

Detrás del síntoma

La historia del doctor Franz A. Mesmer en una novela que narra una época contradictoria de la medicina.
27/01/2012


El doctor Mesmer cree haber descubierto lo que él llama el magnetismo animal, un fluido etéreo que incide en la salud de sus pacientes. Sus colegas, abocados a distintas prácticas terapéuticas de la época, descreen de su teoría y el pueblo vienés lo hace objeto de maledicencias. Sin embargo, a Mesmer se le presenta la oportunidad de atender a una joven pianista ciega que gracias a su talento se ha ganado los favores de la emperatriz. Si la cura de su ceguera, especula Mesmer, él también llegará a ser tenido en cuenta por la soberana. 

Alissa Walser / Al principio era la música



Alissa Walser
Al principio la noche era música

Esta novela cuenta la vida de Franz Anton Mesmer, célebre médico de la Viena de Mozart, que curaba a sus pacientes a través de piedras magnéticas. Uno de sus grandes desafíos le llega cuando se enfrenta al caso de una joven pianista ciega, María Teresa von Paradis -otro personaje histórico-, quien toca para la corte y más tarde se hará muy conocida.

Morir en primavera, de Ralf Rothmann / La verdad detrás del vacío

Ralph Rothmann

La verdad detrás del vacío

'Morir en primavera', de Ralf Rothmann, es la mejor novela en años sobre el final de la Segunda Guerra Mundial y un hermoso relato antibélico de validez universal


CECILIA DREYMÜLLER
21 NOV 2016 - 06:39 COT


Deportados franceses vuelven a Francia en 1945.
Deportados franceses vuelven a Francia en 1945. RUE DES ARCHIVES / CORDON PRESS

Sobre la época nazi y la Segunda Guerra Mundial se han escrito tantos libros que cada nueva novela con sádicos comandantes de las SS y atroces combates en el frente oriental no sólo produce cierto hartazgo temático, sino también suscita la sospecha de que los autores se sirvan de los hechos históricos como reclamo publicitario o como pantalla de proyección para sus fantasías de violencia y destrucción. Demasiados precedentes avalan este temor al abuso (uno no muy lejano, especialmente abyecto, era Las benévolas, de Jonathan Littell).

Ralf Rothmann / Morir en primavera / Reseña

Ralph Rothmann
Ralf Rothmann
MORIR EN PRIMAVERA

27 de marzo de 2017

"El silencio, el rechazo absoluto a hablar, especialmente sobre los muertos, es un vacío que tarde o temprano la vida termina llenando por su cuenta con la verdad."

Así comienza esta novela de título compartido con un viejo álbum de Loquillo. Y es que, hoy traigo a mi estantería virtual, Morir en primavera.


"El escritor eres tú" dice Walter Urban esperando la muerte a su hijo, que siempre se preguntó qué ocultaba el atronador silencio de su padre. Incluso le dejó unos cuadernos con la esperanza de que relatara en ellos aquello que llevaba callando tanto tiempo. Y eso fue lo que obtuvo y por eso se convierte en narrador para relatarnos la historia de su padre cuando, con 17 años, fue reclutado junto a su amigo Fiete para un comando de las SS. La Guerra ya está agonizando, estamos en 1945 y jóvenes iletrados son reclutados y apenas preparados para enviar a luchar al frente, dejándoles tan solo la salida de la deserción para evitarlo.

domingo, 24 de septiembre de 2017

Uwe Tellkamp / La Torre



Dresde, años ochenta: los habitantes de la Torre, un barrio residencial, parecen vivir fuera del tiempo y buscan escapar a la decadencia del sistema socialista dedicándose a la música, a la poesía y a la pintura. Observan con resignación e ironía el derrumbe de la República Democrática Alemana. Anne y Richard Hoffmann viven allí junto a sus dos hijos, Christian y Robert. Richard es un cirujano de la Academia que tiene una relación extraconyugal y por este motivo es chantajeado por la Stasi y obligado a espiar a sus colegas. Christian, el hijo mayor, quiere ser un médico famoso, pero, para obtener una plaza de estudiante, antes tiene que prestar servicio «voluntario» en el Ejército Nacional Popular. Su tío, Meno Rohde, es redactor en una importante editorial y ha ascendido hasta el barrio donde vive la nomenklatura. Silencioso y gran observador, Meno actúa como intermediario entre el mundo del régimen y el nostálgicamente burgués de la Torre, relatando en las páginas de su diario las contradicciones que existen en ambos. La novela, galardonada con el Deutscher Buchpreis, ha evocado Los Buddenbrook de Thomas Mann.
«Una obra maestra»(Jens Bisky, Süddeutsche Zeitung).
«No se puede esperar más de la literatura» (K. Hillgruber, Der Tagesspiegel).


«Retrata el canto del cisne del socialismo real con un realismo trágico y una enorme belleza» (Harald Raab, Mittelbayerische Zeitung).


Tellkamp, Uwe

Uwe Tellkamp (Dresde, 1968) cursó estudios de medicina en Leipzig, Nueva York y Dresde, y trabajó en el servicio de urgencias de una clínica de Múnich. En 2004 abandonó la medicina para dedicarse completamente a la literatura y la escritura. Ha publicado tres novelas: Der Hecht, die Träume und das Portugiesische Café (2000), Der Eisvogel (2005), que recibió el Premio Ingeborg-Bachmann, y La Torre (2008),galardonada con el Premio Uwe-Johnson y con el más importante premio alemán, el Deutscher Buchpreis, creado en 2005 y considerado el equivalente al Man Boo­ker en Inglaterra o al Goncourt en Francia. La Torre se ha traducido hasta la fecha a 16 lenguas. En su primera traducción, la italiana, tuvo también una gran acogida crítica: «Tellkamp ha escrito una obra coral con una sabiduría enciclopédica, una sensibilidad y una creatividad lingüística incomparables: la meta final para un escritor grande y maduro, que en este caso parece ser sólo un prodigioso y genial inicio» (Luigi Forte, La Stampa); «Una novela con una estructura clásica, que al mismo tiempo sabe revivir todas las fracturas y crisis de la novela del siglo pasado. Es un retrato extraordinario y vertiginoso que evoca Los Buddenbrook de Thomas Mann. El libro de Tellkamp debe ser degustado como las obras de Goethe, Gottfried Keller, Günter Grass o Uwe Johnson.Una novela saga que nos devuelve el placer de una lengua fluida y armoniosa» (Mario Fortunato, L’Espresso).

ANAGRAMA




Eugen Ruge / En tiempos de luz menguante



Eugen Ruge

En tiempos de luz menguante

Novela de una familia



Esta saga familiar se centra en tres generaciones de una familia de la República Democrática Alemana: los abuelos, comunistas acérrimos que participan en la construcción de la nueva república; su hijo, huido de joven a Moscú y más tarde deportado a un campo siberiano, quien inicia su viaje en el extremo opuesto, los Urales, para volver, junto con su mujer rusa, a una república de pequeños burgueses en cuya transformabilidad sigue creyendo; y, por último, el nieto, que se pasa al Oeste el mismo día en que el patriarca cumple noventa años. Medio siglo de historia vivida, una novela sobre Alemania llena de sorprendentes giros y detalles, grande por su madurez humana, su precisión y su humor.
«Un libro amplio, ambicioso. Un gran libro» (Astrid Éliard, Le Figaro).
«Una de las mejores novelas, posiblemente la mejor, sobre la RDA. Un autor al que descubrir sin duda alguna» (Paris-Berlin).

«Soberbia» (F.-G. Lorrain, Le Soir).

Eugen Ruge
Eugen Ruge (Sosva, Urales, 1954) cursó estudios de Matemáticas en la Universidad Humboldt de Berlín y fue colaborador científico del Instituto Central de Física de la Tierra. Antes de emigrar de la RDA al Oeste en 1988, trabajó en la sección de cine documental de la DEFA. Desde 1989 se dedica completamente al teatro y la radiotelevisión en calidad de autor y traductor. Ha sido galardonado con varios premios, entre otros, el Schiller-Förderpreis del land de Baden-Wurtemberg. En 2009 recibió el Premio Alfred Döblin por su primer manuscrito de prosa, «En tiempos de luz menguante», base de la presente novela; se comentó que tras la lectura de dicho texto, «Günter Grass escuchaba tan intrigado que se le apagó la pipa» (Frankfurter Allgemeine Zeitung). Cuando se publicó la novela, en 2011, fue distinguida con el aspekte-Literaturpreis y con el más importante premio alemán, el Deutscher Buchpreis, considerado el equivalente al Man Booker en Inglaterra o al Goncourt en Francia.



Ilija Trojanow / Deshielo





Ilija Trojanow

Ilija Trojanow nació en 1965 en la capital búlgara Sofía, su familia huyó en 1971 a la República Federal de Alemania. Se crió en Kenia y Alemania, actualmente reside en Viena. Su obra ha sido traducida a más de veinte idiomas y ha recibido diversos galardones, el más reciente el premio Carl Amery concedido por “abrir nuevos cauces estéticos y de ese modo ampliar la gama de posibilidades literarias”. Su novela El coleccionista de mundos publicada en castellano por Tusquets y en catalán por La Magrana, se convirtió en un bestseller internacional.

DesHielo

Ilija Trojanow

Traducción de Rosa P. Blanco

En un mundo en paulatina destrucción por la acción del hombre, el profesor Zeno Hintermeier vive la desaparición de “su” glaciar como una pérdida propia. Decide dejar su cátedra y embarcarse como guía en cruceros turísticos que viajan a la Antártida, ansiando encontrar en el último rincón natural del planeta el silencio cargado de verdad que tanto anhela. Ni siquiera entre los amantes de la naturaleza encuentra un alma gemela que sienta la tragedia del planeta de forma tan intensa como él; guías, periodistas y pasajeros consiguen dormir sin pesadillas y volverán a su rutina tras la travesía.
Tal vez sea necesaria una acción más radical.

Literatura alemana actual / Las novelas de la era Merkel

Alissa Walser
Poster de T.A.


Las novelas de la era Merkel

La inmigración ha enriquecido las letras alemanas de la última década, marcada por la carismática canciller, que este domingo busca la reelección

CECILIA DREYMÜLLER
22 de septiembre de 2017


¿Mansa y conservadora, como la política de la canciller? ¿Acomodada e intrascendente? La literatura alemana de la era Merkel, si se caracteriza por algo es por no caracterizarse por nada, más allá de su potencia de mercado. Alemania es el país europeo con la industria editorial más potente y su sistema de premios, becas y casas de literatura produce y promociona cada año unos 10.000 títulos. La mera cantidad —mejor dicho, su presencia mediática—, junto a la progresiva desaparición de una crítica literaria vocacional y perspicaz, hace que para el lector sea tarea ardua discernir el grano de la paja, o simplemente abstraerse del fragor publicitario de las grandes editoriales y librerías.

sábado, 23 de septiembre de 2017

Monika Zgustova / “El Gulag sigue existiendo de forma no oficial”



Monika Zgustova: “El Gulag sigue existiendo de forma no oficial”

Escritora. En ‘Vestidas para un baile en la nieve’, la periodista checa ha recabado los estremecedores recuerdos y testimonios de mujeres supervivientes de los campos


BORJA HERMOSO
20 SEP 2017 - 15:06 COT

La lectura de Vestidas para un baile en la nieve (Galaxia Gutenberg) da un frío atroz, y no sólo el que viene de la tundra, sino por el que procede del espanto. La escritora, traductora y periodista Monika Zgustova (Praga, 1957) reconstruye a golpe de recuerdo y confesión el horror vivido por las mujeres en los campos de prisioneros de la Unión Soviética. Para ello visitó a las supervivientes del infierno en sus hogares de Moscú, París y Londres y les arrancó un libro que cambió, asegura, su vida. Es el otro Archipiélago Gulag.

PREGUNTA. ¿Cómo le dejó, en el plano personal, la escritura del libro?

RESPUESTA. Entrevistar a estas supervivientes del Gulag y conocer de primera mano sus experiencias me cambió la vida. Cuando hablas con ellas sobre lo que les pasó, cuando ves que hay ciertos detalles que no te quieren revelar, sus silencios…

Wislawa Szymborska / Nos gusta ser autores


Wislawa Szymborska

Nos gusta ser autores

No se pueden leer con cara seria los artículos de la poeta Wislawa Szymborska, inteligentes, didácticos, humanistas y ocurrentes


MONIKA ZGUSTOVA
11 ABR 2017 - 17:14 COT

¿Por qué hay que leer sus artículos si Szymborska es conocida por su poesía? Me hice esta pregunta cuando descubrí su libro de prosas en una librería. Lo ojeé y vi que no se trataba de simples artículos, escritos a lo largo de tres décadas, sino de un ejercicio singular de columnas literarias sobre tratados acerca de todo un abanico de temas. Szymborska en sus columnas trata la historia de Etiopía, la estética de la palabra, la Georgia antigua, las mariposas, el alpinismo, los bocadillos, los pañuelos de encaje y los rinocerontes, entre otras materias. La autora trata esos temas con ironía y los contempla desde su propio punto de vista: el de la compasión por el hombre, el individuo frágil y perdido entre la sociedad y el régimen político.

Herta Müller / Cuando la belleza salva

Herta Müller

Herta Müller

Cuando la belleza salva

Herta Müller encuentra la belleza incluso donde no la hay. Esta capacidad y el análisis del totalitarismo son las grandes lecciones de su libro de conversaciones con Angelika Klammer


MONIKA ZGUSTOVA
17 ENE 2017 - 11:20 COT





Cuando la belleza salva


Dios está en los detalles, dicen los clásicos desde Flaubert hasta Nabokov, cada uno a su manera. La escritora rumana en lengua alemana, Herta Müller, suscribiría esta máxima porque su arte de narrar consiste en encontrar el detalle que mejor le sirva como metáfora. También aplica este método en el diálogo que con ella mantiene Angelika Klammer en el libro Mi patria era una semilla de manzana.

Estimulada por las preguntas, Herta Müller repasa su vida de descendiente de suabos emigrados a Rumanía. Durante la guerra, su padre fue miembro de la SS; después de la guerra, a su madre la deportaron al gulag soviético. Müller describe la marginación de alguien que pertenece a una minoría lingüística y cultural y además no comulga con la ideología imperante, la comunista. Al sentirse excluida, Müller empezó a refugiarse en la escritura. Pero sus libros la echaron directamente a los gélidos brazos de la temida Securitate que durante años la amargó con sus amenazas e interrogatorios hasta que Herta se decidiera por el difícil camino del exilio, dejando atrás a su madre y sus amigos.

Del amor y otros demonios / El idilio de Véra y Nabokov


Véra y Nabokov

El idilio de Véra y Vladímir

Tenemos una tendencia innata de fabricar parejas idealizadas

¿Fue realmente la relación de estos dos rusos exiliados un romance permanente?



MONIKA ZGUSTOVA
21 MAR 2016 - 18:00 COT


Véra y Vladímir Nabokov, en un retrato en 1958.
Véra y Vladímir Nabokov, en un retrato en 1958. CARL MYDANS (GETTY)

El de Vladímir y Véra Nabokov fue un enamoramiento idílico y eterno”, se ha ido escribiendo, desde hace décadas, sobre esa mítica pareja de rusos exiliados de la revolución que pasaron por Berlín, París y Nueva York. Acostumbrados a los mitos –Romeo y Julieta, Tristán e Isolda–, tenemos una tendencia innata de fabricar parejas idealizadas. Este sería el caso de Chopin y George Sand, Kafka y Milena Jesenska… y Vladímir y Véra. ¿Pero fue su relación realmente un idilio permanente?

viernes, 22 de septiembre de 2017

El cuento de la criada / El rojo es más fácil de ver



El rojo es más fácil de ver 

si te da por huir

Por Bárbara Ayuso


Nolite te bastardes carborundorum. No rechinen los dientes, es la frase de moda. Desde 1985, el aserto dejó de ser un idiota trabalenguas entre estudiantes de latín para convertirse en un santo y seña. Un código de molonez. Si sonreías con complicidad o contestabas «Under his eye» (o «bajo su mirada», tampoco el inglés era preceptivo) conocías la ubicación de la república de Gilead. Habías leído El cuento de la criada, de la archirreconocida escritora canadiense Margaret Atwood. Formabas parte del club. Hasta ahora.
La adaptación televisiva de la novela (que en España pudo verse en HBO) ha democratizado estas contraseñas cómplices, popularizándolas entre los miles de espectadores que degluten sus capítulos con una repugnancia perpleja. Hasta el crítico menos espabilado le regaló en su momento ya la etiqueta de «serie del año», mucho antes de resultar ganadora del Emmy a la mejor serie dramática. Una producción «importante», decían. De las que instauran y descifran códigos: si hoy se cruzan con dos mujeres con hábitos rojos y níveas cofias que caminan en silencio, sabrán que el suyo es un mudo acto de protesta. Ayer serían dos amish extraviadas o excéntricas participantes de un carnaval a destiempo.
A pesar de convertirse en best seller mundial poco tiempo después de su publicación y traducirse a más de cuarenta idiomas, en España el libro de Atwood ha dormitado en pocas estanterías durante estas tres décadas. Deambuló por tres editoriales (Seix Barral, Ediciones B y Bruguera), pero no se convirtió en el clásico canónico (ni siquiera feminista) que es en el resto de países. De la película1 que lo adaptaba nos enteramos de oídas, más o menos lo mismo que de las óperas, los ballets y diversas representaciones que lo amplificaron. Tampoco fue singularmente celebrado cuando se galardonó a Atwood con el Premio Príncipe de Asturias de las Letras en 2008. El cuento de la criada se desdibujaba entre las glosas a la oracular reputación de la autora y su versátil y extensa producción.

Margaret Atwood / Érase una vez



Margaret Atwood
Érase una vez 

—Érase una vez una niña pobre, tan hermosa como buena, que vivía con su malvada madrastra en una casa del bosque.
—¿Del bosque? El bosque está anticuado. Vaya, todo ese entorno rural ya empieza a cansarme. No es un buen reflejo de la sociedad de hoy. ¿Por qué no la trasladamos a un entorno urbano, para variar?
—Érase una vez una niña pobre, tan hermosa como buena, que vivía con su malvada madrastra en una casa en las afueras de la ciudad.
—Eso está mejor. Pero debo cuestionar muy en serio el adjetivo pobre
—¡Pero era pobre!
—La pobreza es relativa. Vivía en una casa, ¿no?
—Sí.
—Luego, desde una perspectiva socioeconómica, no era pobre.
—¡Pero el dinero no era suyo! La gracia del relato es que la malvada madrastra la obliga a llevar harapos y a dormir junto a la chimenea…
—¡Ajá! ¡Tenía chimenea! ¿Desde cuándo los pobres tienen chimeneas? Ve al parque, ve un noche a una estación de metro, ve a ver cómo duermen en cajas de cartón. ¡Entonces sabrás lo que es ser pobre!
—Érase una vez una niña de clase media, tan hermosa como buena…
—Para un momento. Creo que podemos eliminar lo de hermosa, ¿no? La mujer de hoy ya tiene que lidiar con  demasiados estereotipos físicos intimidatorios, como todas esas bollicaos que salen en los anuncios. ¿No puede hacerla, bueno, digamos, más normal?
—Érase una vez una niña con un ligero sobrepeso y cuyos dientes frontales sobresalían, que…
—No  me parece divertido reírse del aspecto de la gente. Además, estás fomentando la anorexia.
—¡No me burlaba! Me limitaba describir…
—Sáltate la descripción. Las descripciones oprimen. Pero puedes decir de qué color era la niña.
—¿De qué color?
—Ya me entiendes, Negra, blanca, roja, morena, amarilla. Ahí tienes las opciones. Para tu información: basta ya de blancos. La cultura dominante esto, la cultura dominante lo otro…
—No sé de qué color era.
—Bueno, lo más probable es que fuera del tuyo, ¿no crees?
—¡Pero esto no tiene nada que ver conmigo! Es sobre una niña.
—Todo tiene que ver contigo.
—Me parece que no tienes ganas de oír la historia.
—Oh, bueno, sigue Que sea étnica. Eso podría ayudar.
—Érase una vez una niña de raza indeterminada, tan normal de aspecto como buena, que vivía con su malvada…
—Otra cosa. Buena y malvada. ¿No crees que podrías dejar atrás esto epítetos que responden a puritanos juicios morales? Al fin y al cabo, son en gran parte de puros condicionamientos, ¿no?
—Érase una vez una niña tan normal de aspecto como adaptada a su entorno, que vivía con su madrastra, que no era persona abierta ni cariñosa porque había sido maltratada durante la infancia.
—Mejor. ¡Aunque estoy harta de tantas imágenes femeninas negativas! Las madrastras siempre aparecen como malas. ¿Por qué no la conviertes en padrastro? Además, así la historia tendría más sentido, considerando la conducta perversa que vas a describir. Introduce látigos y cadenas. Todos sabemos cómo son de retorcidos esos tipos reprimidos de mediana edad…
—¡Hey, espera un momento! Yo soy un hombre de mediana edad…
—Vale, señor Susceptible. No te des por aludido… Esto queda entre tú y yo. Sigue.
—Érase una vez una niña…
—¿Cuántos años tenía?
—No sé. Era joven.
—Esto acaba en boda, ¿no?
—Bueno, no quiero revelarte la trama, pero… sí.
—Entonces puedes borrar esa terminología paternalista condescendiente. Es una mujer, colega. Una mujer.
—Érase una vez…
—¿Qué es eso de érase una vez? Ya basta de pasado. Háblame de ahora
—Es…
—¿Y bien?
—¿Y bien, qué?
—Y bien. ¿por qué no hay?


Margaret Atwood
Érase una vez
Lumen, Barcelona, 2008, pp. 9-12